Esta es la terrible y espantosa realidad de más de 40 millones
de
mexicanos
que día con día libran una batalla por sobrevivir.
Mexicanos que le son completamente indiferentes a los ojos del
presidente
Vicente Fox y su gabinete, negando con los hechos la religiosidad de
la
que
tanto hace gala a través de la televisión. Hipocresía
en su más pura
expresión es lo que personaliza Vicente Fox cuando lo veíamos
comulgar
o la
salida de la iglesia, o cuando enarbola el estandarte de la virgen
de
Guadalupe; se dice católico, se dice guadalupano, y aquí
cabe
preguntarse
¿es verdaderamente un cristiano? ¡claro que no!. Ser cristiano
es
satisfacer
el hambre y la necesidad del prójimo como lo hizo Jesucristo;
Es
sacrificio
por el prójimo; es no mezclar la política con la
religión (dad a Dios
lo
que es de Dios y al César lo que es del César); es seguir
el ejemplo de
Jesucristo que vino a satisfacer necesidades humanas. Necesidades que
hoy
no son satisfechas por esta política neoliberal depredadora
y criminal.
El hambre que padecemos los mexicanos no solamente es biológica.
Es
hambre
de justicia, hambre de oportunidades de trabajo, hambre de
oportunidades
para estudiar, hambre de atención médica preventiva de
calidad y al
alcance
de todos, hambre de una verdadera democracia, en el entendido de que
democracia es el mejoramiento constante del nivel de vida de los
mexicanos,
tal y como lo señala el artículo 3° de nuestra Constitución.
Pero nos dan precisamente lo contrario, se han perdido miles de
empleos, el
campo se encuentra en la ruina debido entre otras cosas a la apertura
de
nuestras fronteras a productos agrícolas de otros países.
Criminales fueron también las intenciones del presidente
Vicente Fox
al
enviar al Congreso su reforma fiscal que pretendía gravar
con un 15%
de
I.V.A. a alimentos, medicinas, libros y colegiaturas desoyendo
las
propuestas de otros partidos políticos, bajo el pretexto de
hacer
crecer a
nuestro país económicamente, palabras que ya hemos escuchado
con
anterioridad en boca de otros presidentes ( Miguel de la Madrid,
Carlos
Salinas, Ernesto Zedillo), palabras cuyo objetivo era convencer al
pueblo de
México de que ya habíamos entrado al círculo de
países del primer
mundo,
principalmente lo dicho y hecho por Carlos Salinas con su famoso
tratado de
libre comercio del cual escuchábamos sus beneficios y bondades
a través
de
los diferentes medios de comunicación, beneficios que
nunca vimos
reflejados en nuestros bolsillos ni en nuestras mesas.
Hoy otra vez son las mismas palabras, las mismas mentiras. Atrás
quedaron
las promesas de campaña que lograron su cometido.. llevar a
la
presidencia a
Vicente Fox, que nos pide a los mexicanos apretarnos más el
cinturón,
que
nos pide más esfuerzos, más sacrificios. Cuando es él
precisamente
quien
debería poner el ejemplo, pero no, el señor pretendía
junto con su
familia
secar su cuerpo con toallas de 4 Mil Pesos. Esto es una
ofensa para
el
pueblo de México, una burla para todos aquellos que a duras
penas ganan
el
salario mínimo; para aquellos hombres mujeres y niños
que vemos en los
cruceros haciendo malabares, vendiendo todo tipo de mercancías
para
llevar
un sustento a sus hogares (los que aún tienen un hogar); para
jubilados
y
pensionados que reciben un poco más de mil pesos mensuales después
de
haber
dejado los mejores años de su vida en sus fuentes de trabajo,
para
aquellas
mujeres que tienen la necesidad de vender sus cuerpos para sobrevivir,
para
quienes tienen que abandonar a su familia, esposa e hijos, y marchar
hacia
el norte con la intención de cruzar la frontera donde
muchos han
perdido la
vida, esto debido a que en nuestro país no hay oportunidades
de
trabajo y
cuando se encuentra un empleo están mal pagados y no logran
satisfacer
las
necesidades más fundamentales del ser humano, de este modo también
se
viola
la Constitución en su Artículo 123 que señala
que los salarios deben
ser
suficientes para cubrir las necesidades materiales, sociales y
culturales
de las familias mexicanas.
Debe ser responsabilidad de un auténtico presidente elevar el
nivel de
vida
de sus gobernados y no doblar la rodilla ante sus amos del F.
M. I. y
el
Banco Mundial. Distribuyendo de manera más equitativa la riqueza
de la
nación que es producto de nuestro trabajo, cambiando la política
económica
que ha prevalecido desde hace más de una década, para
hacer efectivas
las
palabras del gran Morelos cuando dijo “que había
que frenar la
opulencia de unos cuantos y satisfacer el hambre de muchos”.
Pero esto no sucederá mientras siga habiendo una inversión
extranjera
que
encuentra en el país todas las facilidades fiscales, laborales
y de
materias
primas a costa del nivel de vida de los mexicanos. Estos inversionistas
no
son “hermanitas de la caridad” y de los cientos de millones de
dólares que invierten no vemos un centavo en nuestro bolsillo
.
Esta es la miseria que ocasiona la política neoliberal capitalista
este
régimen que debe ser cambiado por otro que socialice los medios
de
producción y distribuya equitativamente la riqueza que produce
el
trabajo.
Es necesario que sepa el presidente Vicente Fox que la grandeza
de un
país
se mide por el grado de bienestar de su pueblo.